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lunes, 18 de julio de 2011

7RM: Cambiar un modelo que perjudica a todos (I)

En materia audiovisual casi siempre me ha asombrado el empecinamiento y la escasa perspicacia del Gobierno Regional. Pero el asombro es mayor si cabe al ver como, año tras año, o bien intenta hacer submarinismo en el charco turbio de la Televisión Autonómica de Murcia (TAM), más conocida como 7RM, o bien parece ignorar lo que esta hace. El modelo de TAM-7RM  elegido en tiempos del ínclito ex-consejero Ruiz Vivo, fue una copia de la televisión pública canaria, donde casi toda la programación se le contrata a una única empresa que aquí, como es sabido, se le adjudicó al Grupo Empresarial de Televisión de Murcia (GTM) con un coste de 36 millones de € al año. Por copiar se copió hasta la duración del contrato: 7 años. Lo malo es que, ya entonces (año 2005), sabíamos que el modelo canario de televisión autonómica era un fracaso, sobre todo, porque no servía para impulsar la industria audiovisual regional y, en consecuencia, no estimularía el desarrollo empresarial  ni crearía empleo en el sector.  Y se le dijo al Gobierno, pero no hizo caso. Era su elección y también su responsabilidad.
Claro está que, por esa época, desarrollar o no el sector importaba poco, más allá de la fraseología política y los descabellados anuncios del momento (de alguna Consejería) que sólo podían contentar a crédulos incautos e ignorantes. Lo cierto es que entonces no existía, no ha existido nunca un interés real por impulsar la industria audiovisual en la Región de Murcia. Unos dos años después de la primera traca televisiva, el autor de la infortunada puesta en marcha del actual modelo de TAM-7RM  abandonó el Gobierno poco antes de las elecciones autonómicas del año 2007, dejándonos a todos los murcianos como penitencia su funesta "herencia" de televisión (de la que también formaba parte la TDT). Pero el tiempo que no perdona, acaba poniendo las cosas y a cada cual en su sitio, separando la realidad de lo que algunos llaman el ruido y la pólvora de los fuegos artificiales electorales, aunque yo prefiero llamarlo errores en materia audiovisual. Dos ejemplos: 
  • Los miles de puestos de trabajo (1.300 directos y 4.000 indirectos) que se iban a crear en el audiovisual por la implantación de la TDT, anunciados hasta por el propio Presidente en el año 2007, se borraron del sufrido papel y nunca más se supo (excepto en las hemerotecas), después de extinguirse los ecos del bombo y platillo de la charanga anunciadora. 
  • Cuatro años después de la presentación en 2007 (año electoral) de Contentpolis como apuesta estratégica del Gobierno Regional, ¿qué ha aportado al audiovisual murciano el "proyecto emblemático" que iba a "impulsar el crecimiento y consolidación del sector audiovisual regional", capaz de crear "más de 3.000 empleos cualificados directos y 2.000 indirectos"? Su aportación ha sido menos que nada, porque estamos peor que entonces: hay más paro y menos perspectivas de impulsar al audiovisual. También decepción para los que creyeron con bobalicona aceptación en un idea alejada de la realidad, inviable y descabellada. Ha sido un tiempo perdido inútilmente y un gasto de dinero público tan desaprovechado e innecesario como, por ejemplo, patrocinar a un equipo ciclista. Al final, el viento del tiempo arrastró el humo de Contentpolis, se llevó sus etéreos "1.528 millones de euros procedentes de fondos tanto públicos como privados", cuyo valor nunca fue mayor que el papel en el que estaban escritos, y de aquella fulgurante gran ciudad de contenidos digitales presentada en un marco de siete coronas junto al río, solo queda la agonizante llama de una vela en una parcela industrial cerca del mar. 
El error, en sentido estricto, es un fracaso de la inteligencia. Pero este fracaso puede convertirse en un éxito de la misma inteligencia cuando se es capaz de reconocer el error, aprender de el y corregirlo con la solución adecuada.  Soy de los convencidos de que no hay que rasgarse las vestiduras porque el Gobierno cometa errores, todos los gobiernos los cometen. Están formados por personas que son falibles y pueden equivocarse. Por tanto, en lugar de hacerle una crítica destructiva, hay que colaborar con el Gobierno señalándole las causas de los errores e indicarle como solucionarlos. 
Lo que si me parece censurable es la actitud del gobierno que se equivoca pero se empecina en enrocarse y no quiere reconocer su error. Un error que no sólo perjudica al político que lo comete, sino que genera serios problemas a los ciudadanos que gobierna. Es señal inequívoca de que el político es incapaz ya de aprender de la experiencia. Entonces la crítica debe ser implacable, porque nos encontramos ante lo que José Antonio Marina llama inteligencia fracasada.  Si un sector de la sociedad por mezquindad, por un interés espurio o por puro servilismo, aplaude el error del Gobierno en lugar de señalárselo, no sólo fracasa la inteligencia individual del político, también fracasa la inteligencia colectiva. Y los fracasos de la inteligencia (de unos), dejan siempre platos rotos (a los demás). El audiovisual murciano tiene prácticamente toda la vajilla rota. 
Es un hecho que en España existen diferentes modelos de televisión pública autonómica. Pero, sea cual fuere ese modelo, a excepción de Madrid que concentra casi la mitad de la actividad audiovisual de España, estas televisiones son las principales generadoras de actividad empresarial en la producción de contenidos audiovisuales en cada región.  De forma que, en la mayoría de las comunidades autónomas que disponen de televisión pública, las empresas  audiovisuales producen programas de forma continuada para su respectiva televisión. Además, empresas de diferentes comunidades realizan proyectos de coproducción con participación también de sus televisiones públicas autonómicas. Esto es lo que ha permitido un desarrollo inicial y el fortalecimiento de la industria audiovisual en cada una de esas comunidades que apostaron por el impulso del sector. 
Sin embargo, como TAM-7RM  no impulsa la industria audiovisual en la región (a lo que hay que añadir hoy la desaparición de las escasas ayudas directas al audiovisual), los productores murcianos somos tildados (con razón) de "novia sin dote" por los productores de las otras comunidades, lo que supone una barrera casi infranqueable para intentar participar en coproducciones con empresas de fuera. Así que hay que preguntarse: ¿Si la televisión pública actúa como motor de la industria audiovisual en otras comunidades, por qué no lo hace TAM-7RM en la Región de Murcia?
Los años transcurridos desde la creación en 2004 de Radiotelevisión de la Región de Murcia (RTRM) han estado preñados, en unos casos, de ignorancia supina y torpezas, en otros, de desatinos y errores evidentes en materia audiovisual. Errores que algunos miembros del Gobierno –con un gesto que les honra– han reconocido con tibieza en privado y sólo conozco a uno que también lo ha hecho públicamente, eso sí, con mucha timidez. Pero justo es también reconocer su mérito y valentía por lo inusual del hecho que un político reconozca errores.  
A lo largo de este tiempo, pero sobre todo desde el año 2007, no he dejado de preguntarme ¿qué es lo que le impide al Gobierno cambiar el modelo del único canal de televisión pública de la Región de Murcia?  ¿A qué obedece la tozudez por mantener el lastre de un modelo de televisión fracasado que perjudica a los ciudadanos, a las empresas y profesionales de la industria audiovisual murciana y al propio Gobierno Regional? ¿Acaso no tienen estos tres motivos el peso suficiente para actuar con sensatez, aplicar el dicho "rectificar es de sabios" y cambiar el actual modelo de TAM-7RM? Al parecer, aún no. Por absurdo que parezca no se rectifica algo tan razonable como obvio. Así que veamos con más de detalle las razones que sustentan algunos de estos motivos para cambiar con urgencia el modelo de TAM-7RM.
Perjudica a los murcianos 
Aunque TAM-7RM se financia con dinero público, no cumple con una función de servicio público, ni utiliza su enorme pontencial como dinamizador cultural, educativo y social. En general, ni su programación es de calidad (nunca lo ha sido), ni gran parte de los contenidos que emite son regionales y de proximidad. Por tanto, nadie se sorprende de la más que baja audiencia de este canal público de televisión. Audiencia que en algunos programas es meramente testimonial. Tampoco los principales informativos (sobremesa y prime time) gozan de interés para la inmensa mayoría de los murcianos, hasta el punto que tienen menos audiencia que el único informativo territorial de TVE, a pesar de que los informativos de 7RM tienen una duración muy superior. 
Unos contenidos de calidad, regionales y de proximidad son los que justifican la existencia de una televisión que se financia con fondos públicos. Los estudios que se han realizado demuestran de manera incontestable que son este tipo de contenidos los que más se demandan y los más rentables socialmente. Para ello, es necesario que primero exista una voluntad política por parte del Gobierno. Asimismo, difícilmente se puede hacer una televisión pública autonómica con unos contenidos de calidad, si los encargados de dirigir TAM-7RM ignoran cuales son los criterios más elementales para intentar lograr el nivel de calidad exigible a una televisión pública, diferente al de una privada. Ver que la programación de la TAM-7RM dispute la audiencia por motivos que poco tienen que ver con la prestación de un servicio ciudadano es ya, en si misma, una anomalía grave, por poco que se piense. 
Cuando se creó TAM-7RM, el Gobierno Regional dijo que sería "la de menor coste" de todas las televisiones autonómicas de España. Según un estudio de UTECA, el coste del actual modelo de TAM-7RM figura entre los más altos de las televisiones autonómicas de España: 174€ por cada hogar murciano. Es más cara que la de Madrid (129€), Extremadura (137€), Asturias (140€), Castilla-LaMancha (170€), es incluso mayor que el de la de Canarias (164 €) de donde TAM-7RM copió el modelo. También llama la atención la escasa diferencia de coste con las televisiones de Galicia (179€), Comunidad Valenciana (190€) o Andalucía (197€) que destinan gran parte de su presupuesto (muy superior al de 7RM) a contratar la programación con empresas de sus propios territorios, por lo que el gasto revierte en el desarrollo  y fortalecimiento del  sector audiovisual de dichas comunidades autónomas. 
Por tanto, al coste económico alto de la televisión pública murciana, hay que añadirle el perjuicio social que causa si tenemos encuenta que, a diferencia de las otras comunidades, los millones de euros anuales que se destinan a TAM-7RM no revierten directamente en la creación de un tejido industrial y en la creación de empleo en la Región de Murcia, sino que van a parar directamente a los bolsillos de empresas foráneas. Es decir, que con el dinero de los murcianos se fortalece a empresas  que no son de la región.
Como la mayor parte de las empresas murcianas no participan en la producción de contenidos para la programación de 7RM de forma estable y continuada, no sólo no se crea tejido industrial ni empleo sino que tampoco hay perspectivas de que se cree. En consecuencia, los centros de formación en audiovisual (FP y universidad) seguirán suministrando parados al mercado. A su vez, también convierten en un gasto inútil los cursos de formación del Servicio de Empleo y Formación que, sobre todo,  van destinados a parados. 
¿No deberían éstas ser razones suficientes para que el Gobierno decida cambiar el modelo de la TAM-7RM? Resulta incomprensible que algo tan obvio encuentre tanta resistencia para ser aceptado. Es una pena.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya era hora de que alguien se atreviera a hablar alto y claro sobre 7RM. Aunque no se si servirá de algo que digas verdades como puños cuando la mayoría, por miedo, estamos callados.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que tenemos mucho miedo, pero yo creo que escritos como este si sirven y mucho. Son muy necesarios si queremos cambiar el modelo de la 7RM para que apoye a las productoras, para que estas hagan programas y nos contraten a los profesionales que estamos parados.

Anónimo dijo...

Pero si es que está clarísimo: si los recursos que se destinan a mantener una TV pública, no revierten en que el tejido de producción se desarrolle, no tiene mucho sentido. Y así nos va a las productoras, que vamos de mal en peor mientras los de fuera se llevan el dinero de la 7rm. Ah¡ y estoy de acuerdo en que tenemos miedo, por eso no nos quejamos y pedimos que se cambie el modelo de TV, porque una parte de la culpa de que las cosas nos vayan mal a los productores la tenemos nosotros por no protestar.

Javier Villamor dijo...

No es una pena. Es indignante. Porque su incompetencia como representantes de los ciudadanos no responde a la incapacidad o a la estupidez, sino a la corrupción.