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lunes, 11 de junio de 2012

7RM como servicio público (4ª parte). Cambiar un modelo que perjudica a todos (VI)

En este artículo tratamos de lo que puede pasar si finalmente GTM no continúa haciéndose cargo de la programación de TAM-7RM. De cómo debería realizarse el cambio de modelo de la televisión para que, además de servir de motor de la industria audiovisual murciana de un modo estable, cumpla con su función social de servicio público con una programación de calidad. 
Finaliza el contrato entre GTM y TAM-7RM ¿Qué va a pasar ahora?
El contrato de TAM-7RM con GTM está apunto de acabarse y esperemos que la prórroga de dos años no se realice. Si es así ¿qué va a pasar ahora? Hay algunos indicios que abren la puerta a la esperanza de que quizá el Gobierno Regional se decida, por fin, a cambiar el modelo de televisión pública como venimos exigiendo algunos desde hace años con tozuda insistencia.  Así que es posible que una gran parte de las horas de programación de TAM-7RM se empiece a realizar por las pequeñas empresas del sector audiovisual murciano, en lugar de que las haga una sola empresa como hasta ahora. Esto ya sería un gran paso adelante y un alivio para nuestra exigua industria audiovisual en vías de extinción. De ser así, se habrá empezado a actuar con sensatez, aunque el daño que la incompetencia política ha causado al audiovisual ha sido muy elevado. Un daño que se habría evitado si el Gobierno nos hubiese hecho caso mucho antes. Poder, podía...
 Hay miembros del actual Gobierno Regional y de la dirección de RTRM que suelen leer los artículos de este blog. Interés que les agradezco sinceramente.  También se que comparten algunas de las reflexiones y propuestas del blog para afrontar los retos del audiovisual murciano. Me consta su disposición a resolver los problemas en materia audiovisual heredados de sus predecesores en el cargo, lo que es sin duda loable dadas las circunstancias. Pero no es suficiente con reconocer que lo hecho hasta hoy en TAM-7RM ha sido un error. Cambiar el modelo de televisión pública regional es algo más que quitar la programación a uno (GTM) y dársela a otros (lo que, dicho de paso, debería hacerse con transparencia y unos criterios claros de contratación), para que los efectos del cambio sean estables y continuados. 
Es importante comprender que los verdaderos accionistas de TAM-7RM son los ciudadanos. Por eso el nuevo modelo de televisión pública debe garantizar la calidad de su programación, la pluralidad y rigor de sus programas informativos, la profesionalidad y la excelencia en la gestión empresarial, la transparencia absoluta en la rendición de cuentas periódicas a instituciones y ciudadanos. Ambas vertientes (visión empresarial y calidad del servicio público) no son incompatibles.
Desde el inicio de su emisión, la programación de la TAM-7RM ha sido realizada por motivos que poco tienen que ver con la prestación de un servicio público. Esto por poco que se piense ya es, en si mismo, una anomalía grave. ¿Cuál ha sido la causa? El actual modelo televisivo no ha cumplido nunca con su misión de servicio público. Es más, el Gobierno ni siquiera se molestó en definir claramente el alcance de esta misión, a pesar de que es indispensable para cumplir el principio de transparencia en la propia financiación y gestión. Ha llegado el momento de que los responsables actuales en el Gobierno asuman esa responsabilidad y lo hagan sin demora.
Mandato-marco
La definición de las diferentes funciones de la misión de servicio público, como he planteado en los artículos (descargar) 7RM como servicio público (1ª parte) Cambiar un modelo que perjudica a todos (V)7RM como servicio público (2ª parte)7RM como servicio público (3ª parte), debería tener su reflejo en el marco regulador de Radiotelevisión de la Región de Murcia (RTRM). Una vez definidas dichas funciones se establecería un mandato-marco. En este mandato-marco se fijarían los objetivos a alcanzar por parte de la televisión pública, indicando jerárquicamente las prioridades y la urgencia de cada uno. Sería el referente político de la televisión pública regional, con independencia de los diferentes departamentos de la administración implicados.
El mandato-marco debería ser aprobado por la Asamblea Regional, tras la consulta a los agentes del audiovisual, y tendría una duración mínima de tres años.
Contrato-programa
El contrato-programa es un mecanismo utilizado por los entes públicos en relación con su administración para comprobar la adecuada utilización del presupuesto asignado. Pero este aspecto economicista del contrato-programa, puede y debe ser ampliado con el fin de extenderse a las propias directrices de actuación de RTRM para comprobar el grado efectivo de cumplimiento de los objetivos inmediatos de la empresa pública.
Así pues, con el mandato-marco como horizonte, el Consejo de Administración de RTRM haría sus propuestas de contrato-programa indicando, de una forma concreta y precisa, los objetivos específicos derivados de la aplicación del mandato-marco. Asimismo, se indicarían los costes y el modo de financiación del contrato-programa para ejecutarlo en períodos cortos de uno a dos años. 
De esta forma el contrato-programa, por un lado, actúa como instrumento para cumplir la exigencia de la Unión Europea de transparencia en la financiación de los servicios públicos. Por otro, permite identificar los compromisos que se adquieren para cumplir la función de servicio público de RTRM y la forma de evaluar su cumplimiento.
Indicadores para evaluar el cumplimiento
Hay una serie de indicadores para llevar a cabo una evaluación del grado de cumplimiento de los objetivos del mandato-marco y del contrato-programa en torno a la programación de 7RM. Estos indicadores permiten ir más allá del simple control presupuestario, de audiencia o del juicio de valor general sobre la calidad de la programación. Veamos una relación orientativa de indicadores.
Cuotas de programación. La diversidad de la oferta de contenidos de una cadena pública es una condición necesaria para cumplir su misión en materia de pluralismo, cohesión social, diversidad cultural o formación del imaginario colectivo. El cumplimiento del mandato-marco (o el compromiso adquirido en el contrato-programa) respecto a la programación podría establecerse en torno a las cuotas de los siguientes parámetros: cuota de producción propia, de producción externa, de compra de programas, de programas informativos, de programas infantiles y juveniles, de programas para minorías, de programas sobre cultura, de programas de debate, de audiencia fijada como objetivo,... 
Variedad programática general. Una de las funciones de la televisión pública es favorecer la diversidad, adaptándose a una variedad de gustos mayoritarios y/o minoritarios. La aplicación de esta función se mediría sobre el conjunto de la oferta de programas en dos niveles: macrogéneros (ficción, por ejemplo) y géneros (cine, series,...) combinados.
Variedad genérica por franjas horarias. El tiempo en televisión se divide en segmentos que tienen que ver con los hábitos de los ciudadanos y el uso que hacen del tiempo. La diversidad debería garantizarse en todas las franjas para no discriminar a ningún segmento del público.
Valores. Los valores democráticos, cívicos, sociales y culturales de los contenidos audiovisuales se deben medir. Para hacerlo se puede emplear como referencia los derechos humanos, la tolerancia, la violencia, el sexismo o el racismo, entre otros muchos. 
Diversidad informativa. Una vez que se acepta que la información es una prioridad de los medios públicos, no basta con una oferta (por amplia que sea) del género telenoticias. Este se debe complementar con un amplio uso de los diversos géneros que forman parte del macrogénero información: Debate, documental, reportaje, entrevista, cara a cara, news magazine, etc. El indicador será aún más completo si descendemos al análisis del microgénero de los diversos programas informativos (cultura, economía, política, historia, naturaleza, estilos de vida, etc.), ya que nos indica también cuales son sus contenidos temáticos.
Cuando la ciudadanía recibe una información suficiente y en profundidad de los acontecimientos de actualidad, una comprensión del entorno próximo y distante, o se familiariza con áreas de conocimientos específicas y análisis de realidades complejas, se contribuye a capacitar a los ciudadanos con puntos de vista más autónomos, a la vez que mejoran sus posibilidades de participación social y política. 
Pluralismo político, social y cultural. Este indicador es complementario del anterior. Conlleva un tratamiento independiente y profesional de los contenidos para garantizar el pluralismo político, social y cultural. Exige disponer de los mecanismos necesarios para controlar su cumplimiento y para denunciar sus violaciones.
Motor de la industria audiovisual. Para evaluar el impacto real de la televisión pública en su función de estímulo y motor de la industria audiovisual regional, tenemos que tomar en consideración el volumen de las coproducciones, producciones por encargo o la compra de programas a productoras murcianas, así como la participación en proyectos de producción y/o servicios participados con otros socios en la FORTA de otras comunidades autónomas en España, así como con otras regiones dentro de la Unión Europea.
Innovación. La televisión pública debe asumir el reto de la experimentación para impulsar la búsqueda de programas y formatos innovadores. Debe, por tanto, destinar recursos a la innovación y transferir sus resultados a la parrilla de programación. La implantación con éxito de las novedades requiere de la permanencia en antena del tiempo necesario para incidir en la educación del gusto social.
Cuota y diversidad de audiencia. La televisión pública tiene que satisfacer los gustos de las mayorías y de las minorías, por lo que la cuota de audiencia absoluta no puede ser el único indicador de éxito. Al satisfacer los gustos de minorías la cuota general de la cadena puede resentirse, pero quedará compensada por el éxito alcanzado por el programa entre el público marcado como destinatario. Aunque el contrato-programa fije una cuota de audiencia a alcanzar, hay que liberar a la televisión pública de la tiranía absoluta de la cuota de audiencia que conduce a fórmulas uniformizadoras. Se debe comprobar la diversidad del público, es decir, llegar a todos los segmentos de la sociedad murciana, para que el éxito de la cantidad se complemente con el éxito de la calidad. 
Respeto a la audiencia. La evaluación de este indicador se realiza a partir del cumplimiento escrupulosos de la parrilla de programación anunciada con antelación, tanto en lo que se refiere a los programas anunciados como a sus horarios de emisión. Este compromiso sólo puede verse alterado por motivos justificados: acontecimientos excepcionales o imprevistos y causas técnicas debidamente motivadas.
Si realmente el Gobierno Regional desea rectificar los errores cometidos y cambiar el modelo de televisión pública regional para que TAM-7RM ofrezca un servicio público de calidad y actúe como motor de la industria audiovisual, estas son algunas de las Ideas, sugerencias y propuestas razonadas y razonables que le permitan realizar el cambio con seriedad y sensatez. 
En un próximo artículo me detendré en los objetivos de programación y en las formas de organización que permitan una gestión eficaz y transparente de TAM-7RM.

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