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jueves, 2 de agosto de 2012

¿Y tú qué sabes de la industria audiovisual?

En la situación actual de crisis económica y financiera internacional, con España al borde del rescate y la gravísima situación de la Región de Murcia que ha pedido ayuda financiera al fondo de liquidez estatal para las comunidades (eufemismo de fondo de rescate), no estamos para tibiezas. Es, por tanto, necesario y urgente adoptar las soluciones adecuadas porque el audiovisual murciano agoniza. A su vez, hay que seguir realizando una reflexión compartida y tan profunda como sea posible sobre las causas de los errores cometidos en materia audiovisual en la Región, preñados de ignorancia, incompetencia, desatinos, incumplimientos electorales e incoherencias políticas.

Algunos estudios atribuyen el fracaso de los políticos (y también de directivos de empresas) a que estos creen que lo que funcionó en algún caso debe funcionar siempre. La rutina y los hábitos están en la base de su forma de gobernar. Hay otros fracasos en la voluntad del político que provienen simplemente de un nombramiento indebido para el cargo.

Una de las causas más frecuentes de los fracasos de los políticos es la persistencia en el error. A partir del momento que toman una decisión, a los políticos les resulta muy difícil reconocer el error y cambiar de punto de vista o de planteamiento. Es lo que algunos llaman el error del inversionista: la tozudez de no detener un proyecto que ha costado dinero, tiempo o esfuerzo, aunque suponga más perdidas que ganancias.

En varias ocasiones he indicado en este blog [Un audiovisual de interés variable-I  y en 7RM como servicio público-3ª parte. Cambiar un modelo que perjudica a todos-V ] que el estrepitoso fracaso en materia audiovisual (TDT, TAM-7RM o Contentpolis), no sólo proviene de una “política” totalmente inadecuada para impulsar el audiovisual murciano y, en buena medida, la Sociedad de la Información. También reside en que ninguna de las personas nombradas con responsabilidades en el audiovisual estaba cualificada en esta materia. (Aclaro: no es imprescindible que todos los altos cargos lo estén.) Porque difícilmente se podrá elaborar y aplicar una política audiovisual adecuada si en la Administración Regional no existen, al menos, profesionales competentes provenientes del sector ocupando determinados cargos o, en su defecto, personas con un amplio conocimiento del audiovisual. El hecho lamentable y esclarecedor es que no ha habido ningún responsable en el Gobierno y ni un sólo funcionario en ningún nivel que conozca realmente cómo funciona la industria audiovisual. Sin ese conocimiento hasta el diálogo resulta difícil. Y claro, con esta abundancia de profanos el fracaso de la “política” audiovisual estaba garantizado.

Quizá la mejor manera de expresarlo hoy sería formulando a cada uno de los que tienen responsabilidades en materia audiovisual en la Administración Regional, funcionarios incluidos y sea cual fuere su nivel jerárquico, la pregunta "¿y tú qué sabes de la industria audiovisual?".

La necesaria alfabetización audiovisual

En el artículo Reorientar Contentpolis-3ª parte explicaba la importancia estratégica que tiene la formación en un sector estratégico como es el audiovisual. Debido a los cambios permanentes en los contenidos, en los modos de producción y distribución, a la enorme rapidez con que varían las herramientas que se utilizan y la destreza para manejarlas, la formación de empresas y profesionales también debe ser permanente.

Y aquí surge la paradoja: Mientras en las empresas y los profesionales de la industria audiovisual, el aprendizaje y la capacitación son permanentes y durante toda la vida, la mayor parte de los miembros de la Administración Regional con responsabilidades en materia audiovisual tienen un gran desconocimiento del sector.

Como no creo que cargos políticos y funcionarios tengan bula para el audiovisual, para acortar tan profunda brecha ¿por qué no se forman?¿No debería ser obligatorio que algunos componentes del Gobierno, con competencias en materia audiovisual, hicieran cursos de formación de modo regular mientras ejercen el cargo? Porque, si descartamos la inspiración divina, ¿cómo esperan elaborar una política audiovisual acertada sin conocer el sector? ¿No deberían ser también obligatorios los cursos de formación para los funcionarios y el personal laboral de aquellas unidades administrativas vinculadas al audiovisual? Si tuvieran una formación adecuada, el Gobierno actuaría con mayor conocimiento de los problemas, sus decisiones serían más razonables, más  sensatas y no daría respuestas de leguleyo que nada resuelven. Esta imprescindible alfabetización audiovisual permanente es barata y podría abordarse también en el marco de la reorientación de Contentpolis.

No he conocido aún a nadie de la Administración  Regional, ya tenga un cargo o sea funcionario, que entienda realmente que la actividad de producción audiovisual se desarrolla en el marco de un sector muy peculiar que puede ser considerado al mismo tiempo como actividad artística, industrial y comercial.  Que su actividad y objetos de producción difieren en gran parte de la generalidad de bienes y servicios del mercado. El audiovisual es una industria que no invierte en ladrillos o cemento, coches o acero, ni puede inventariar sus existencias por toneladas, sino que sus principales activos son inmateriales: argumentos, proyectos, desarrollos, guiones, story-board, programas, etc.

De ahí la inherente dificultad para las administraciones públicas, cuando tratan de aplicarse en una tarea –que no siempre resulta fácil y menos aún sin conocer el sector– para impulsar una industria como la audiovisual, con una dimensión estratégica. Estoy convencido de que los conocimientos y experiencia en otros sectores productivos que tienen algunos miembros de la administración, vinculados hoy al audiovisual, nos serían de mucha más utilidad si realizaran cursos de formación que les permitiese conocer por dentro a un sector tan cambiante como el audiovisual.

Necesitan conocer las diferentes fases del proceso de creación y producción de una obra audiovisual. Necesitan saber cómo se inserta este proceso en la nueva cadena de valor del sector audiovisual, cada vez más compleja e interrelacionada fruto del desarrollo de las tecnologías digitales. Así podrían llegar a comprender (no sólo saber)  que el corazón de la actividad audiovisual son los contenidos. Incluso llegarían a entender realmente que no es posible desarrollar la Sociedad de la Información sin impulsar (con medidas que fomenten la producción de contenidos) el desarrollo de la industria audiovisual en la Región, ya que es con diferencia la principal proveedora de contenidos.

En suma, sin conocer la industria audiovisual por dentro, ¿cómo va a ser capaz el Gobierno de entender realmente las propuestas que hacemos desde el sector? ¿Cómo va a asumir su responsabilidad e integrar sólo aquellas propuestas que sirvan realmente para impulsar el desarrollo de la industria audiovisual? Este desconocimiento también explica por qué le cuesta comprender la necesidad de poner en marcha sin demora un Plan Urgente de Medidas de Choque.

Plan Urgente de Medidas de Choque

Es cierto que algunos responsables políticos actuales han tenido la franqueza de reconocer abiertamente su escaso conocimiento del audiovisual, a la vez que admitían los errores de sus predecesores. Tienen mi respeto por ello. Incluso alguno me ha sorprendido por su claridad de ideas en diversas cuestiones, por sus cualidades atípicas en un político al uso y por su nítido deseo de impulsar el desarrollo del sector. Espero que el deseo no sea sólo verbal porque acaba socavando la confianza en quien no pasa a los hechos. Admitir la falta de conocimiento o los errores no es suficiente. Hay que ponerles remedio. Se supone que el Gobierno Regional es responsable de sus decisiones y, por tanto, de los errores que cometen los que forman o han formado parte de él. El cargo se asume junto con la herencia recibida. En consecuencia, reconocerlos es sólo el primer paso. De modo que el Gobierno sólo asume realmente sus errores (propios o heredados) cuando los corrige con hechos. Es una forma de demostrar que sus miembros tienen la capacidad y la perspicacia necesarias para ejercer el cargo. ¿Y qué es lo que han hecho hasta ahora para corregir los errores? ¿Qué medidas concretas se han tomado que impulsen la producción de contenidos? De momento ninguna.

No negaré que los actuales responsables del Gobierno con competencias en materia audiovisual, tienen un talante más abierto, más dialogante y parecen más sensatos y razonables que sus antecesores. Sin embargo, sólo con talante y diálogo pero sin poner en marcha medidas concretas no se resuelve el problema, como me decía hace poco un productor: «El sector se está muriendo y el Gobierno parece que no se entera porque no hace nada por impedirlo. Pasan los meses, nos siguen dando largas y no se impulsa la producción audiovisual. En lo fundamental, no ha cambiado nada respecto a sus predecesores en el cargo, al menos yo no lo veo. Claro, como ellos cobran todos los meses no se dan prisa. Si con los políticos pasara como con los antiguos médicos chinos, que cobraban si las personas a su cargo permanecían sanas y dejaban de cobrar si enfermaban, seguro que el audiovisual gozaría de buena salud».

En fin, cuando las palabras bienintencionadas no se convierten en medidas concretas, la credibilidad del que gobierna se pierde y cunde el desaliento. Justo lo contrario de lo que, en momentos difíciles, deben hacer quienes nos gobiernan más que nunca: generar confianza e infundir ánimo cuando se necesitan.

Hay tres problemas a los que nos enfrentamos todos continuamente: 
- No sé lo que hacer.
- Se lo que quiero hacer, pero no se cómo.
- Se cómo pero no me atrevo.

Para empezar a abordarlos debemos todos (Gobierno incluido) tener en cuenta, como decía Einstein, que difícilmente se puede resolver un problema con el mismo tipo de pensamiento que nos ha generado y conducido a dicho problema.

Junto al diálogo con los agentes del sector, si los políticos con competencias en el audiovisual estuviesen mejor formados en esta materia, seguramente encontrarían la respuesta y la solución adecuada a los dos primeros problemas para impulsar la industria audiovisual. El tercero se resuelve con firmeza y voluntad política.

Mientras reflexiona sobre la sensatez de lo dicho, el Gobierno podría empezar por comprender que el audiovisual murciano se está desangrando. Que lo primero que tiene que hacer es taponar la herida y realizarle una transfusión para que el paciente no se muera desangrado. Es decir, tiene que poner en marcha un Plan Urgente de Medidas de Choque para impedir la muerte del audiovisual.  Si no lo hace y se produce la defunción, de poco va a servir el Plan de Impulso del Audiovisual que, al parecer, se ha empezado ya a elaborar y de cuyo contenido aún no sabemos nada.
   
La crisis no puede servirnos de excusa ni de justificación para utilizarla como una trinchera, «tirar la toalla» y no afrontar de verdad la grave situación del audiovisual causada, fundamentalmente, por los fracasos del propio Gobierno en materia audiovisual, como he indicado en buena parte de los artículos de este blog. Al contrario, en lugar de adoptar una actitud pusilánime, debemos tener el suficiente valor para ser capaces de convertir la crisis en un reto, en una oportunidad. Debemos comportarnos con resiliencia y tener la capacidad de adaptarnos para volver a nuestro favor hasta las cosas que nos vienen en contra. 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta leer otra versión de las cosas pero creo que trufas tu discurso de valoraciones, en la mayor parte de casos políticas, y ofreces muy pocos argumentos. Faltan datos, fuentes y ejemplos. Leeré el resto de entradas del blog.

Anónimo dijo...

Lo que hay que leer. Si de algo se le puede acusar a Jesús en los artículos del blog es que da abundante documentación y, a veces, yo diría que una excesiva argumentación. Por eso son tan largos los artículos que escribe. ¿Tú es que no lees los enlaces que hay en cada artículo? Jesús dice que los fracasos del gobierno en la TDT, en La 7 y en Contentpolis se deben entre otras razones que da (si las quieres leer)a que no hay nadie en el gobierno ni en la administración que entienda de audiovisual y, que yo sepa, eso es un hecho, salvo que alguien demuestre lo contrario con datos concretos. Así que lo pone fácil. Lo que pasa es que deberías leer con más atención lo que lees y, antes de escribir leerte el resto de entradas del blog.

Anónimo dijo...

La ignorancia no solo es de los politicos, tambien del ciudadano en general.
Y la mia tambien. Por ejemplo me gustaria conocer el contrato que prorroga la permanencia de GTM al frente de La 7. Creo que por ser un contrato entre la administración murciana (con interposición) y una empresa privada, deberia ser de conocimiento publico. Sobre todo que fue firmado hace cinco años y puñetera necesidad habia de firmarlo en aquel tiempo, sin haber comprobado la bondad de la concesion y el adecuado modelo. Suena, huele, sabe y se ve que es un PUFO, para garantizarse 7 año de mamandurria.
Los que lo firmaron por parte del ejecutivo murciano, deberian dar la cara, publicarlo y asumir sus responsabilidades.
Como sospechamos todos, no lo harán. Acepto apuestas.

Anónimo dijo...

Buena respuesta pero añadiré algo: tú crítica es destructiva e inventada ya que no das ni un solo argumento, ningún dato y ningún ejemplo que justifique la critica que haces a Jesús. Si es que hay cada lumbrera...

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que el contrato de GTM con La 7 debería ser público. Pero te corrijo un error: la duración es de de 7 años más los 2 años de la prórroga, 9 años para llenarse el bolsillo, sobre todo el León Heredia, con el dinero de los murcianos y mientras las empresas del sector a dos velas. Así estamos. Por cierto, lo firmó Juan Maíquez por indicación de su jefe de entonces Ruiz Vivo, un enemigo declarado del audiovisual murciano.

Anónimo dijo...

Jesús, no tengo más remedio que darme por aludido, :-)
Salu2

Javier Villamor dijo...

Antes a lanzarse a hacer una valoración de un artículo conviene primero leerlo con atención. De esta manera uno evita patinar con juicios como el del 'anónimo 1' que, lejos de predicar con el ejemplo, se precipita a realizar una crítica sin base argumental. "Faltan datos, fuentes y ejemplos". ¿Seguro que hemos leído el mismo artículo?