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jueves, 1 de mayo de 2014

Silencios, ambigüedades y certezas en el futuro de 7RM (1ª parte)

Estamos llegando al final del turbulento, largo y enmarañado proceso de "cambio del modelo" de gestión de 7RM, en el que se da la paradoja que ya no están en el gobierno regional dos de sus principales artífices (que no los únicos): Juan Bernal y Eduardo Linares. Pero se equivocan sin duda quienes piensen que con la adjudicación al gestor indirecto se acaban los riesgos de que 7RM cierre y se vaya a negro. También veremos que, en general, los licitadores al concurso que participaron en el acto organizado por la ARTV, lejos de aportar claridad, crearon más incertidumbre. 


Con este artículo se rompe un prolongado silencio. Lo cierto es que no había nada en materia audiovisual en la región de lo que mereciera la pena escribir. Sin embargo, aunque con menor flujo como es lógico, las visitas han continuado de forma regular debido seguramente al persistente interés por 7RM y su futuro.

El pasado 24 de abril, un día después de finalizar el plazo para la presentación de ofertas a la gestión indirecta de 7RM, se celebró un acto organizado por la Asociación de Radiotelevisión de la Región de Murcia (ARTV) en el que participaron las cinco empresas que concurren a la licitación. Agradezco a José García Solano (presidente de ARTV) la invitación al acto y le felicito por la iniciativa, ya que parecía oportuno convocar a los candidatos a un acto público para que explicasen sus propuestas de gestión.

Como han dicho públicamente miembros del Gobierno regional, básicamente, se persigue un doble objetivo con la gestión indirecta de 7RM: El primero, una importante participación de la industria audiovisual regional en la elaboración de la programación, lo que permitirá su desarrollo y la creación de empleo indirecto, además del creado directamente por la empresa adjudicataria. El segundo objetivo es que la programación cumpla con su misión de servicio público. Escuchar lo que tenían que decir al respecto en sus ofertas las empresas centraba el interés de los asistentes al acto.

Sin embargo, el interés despertado se estrelló contra el muro de silencio y la ambigüedad de lo poco que dijeron la mayoría de las cinco empresas que han presentado ofertas. Así que, en general, el balance del acto fue más bien pobre, generó más dudas, incertidumbre y confusión de las que había antes de empezar. Recurrir –como aludieron algunos–  a la situación actual de valoración de las ofertas presentadas a concurso para justificar su opacidad y no desvelar su oferta, es una excusa no convincente por incierta. Los pliegos de prescripciones (administrativas y técnicas) no sólo no prohíben expresamente la divulgación pública de la oferta por las empresas que se presenten al concurso, sino que en ellos se dice claramente que se atendrán en la valoración de la oferta a la copia que se haya presentado en papel. De modo que las copias digitales o lo que se diga de palabra es totalmente irrelevante en la valoración. Cabe entonces preguntarse ¿qué hay detrás de esta opacidad compartida? Hay quien piensa que la posibilidad de tongo en la adjudicación pudo pesar. Es cierto que esta amenaza existe, pero no creo que fuese el único factor.

En cualquier caso, no se dio una justificación válida para que el escasísimo y opaco contenido de las ofertas deambulara por la sala como un azorado fantasma. Un ejemplo claro de opacidad explícita: excepto uno de los licitadores, los demás no respondieron a la reiterada pregunta de Solano a cerca del número de puestos de trabajo que pensaban crear. Eso sí, cuatro de ellos nos obsequiaron con sus vídeos corporativos con un guión un tanto similar, más allá de las diferencias de tamaño y presencia de cada cual en la cadena de valor del audiovisual. Vídeos que eran del todo irrelevantes para satisfacer las inquietudes de la mayoría de los asistentes. ¿Si no tenían intención de explicar su oferta con cierta concreción, por qué se han molestado en viajar?, se preguntaban algunos asistentes al acto. Es una lástima que ningún licitador haya entendido que aquí, en materia audiovisual, tenemos los dientes amarillos vestidos de desesperación, como diría Quevedo. Esperemos que el adjudicatario lo entienda rápido, si quiere que su paso por la gestión indirecta de 7RM no sea efímero. El caso de Canal 9 debiera ser un aviso para navegantes.

Sea como fuere, lo cierto es que en este ambiente de digo sin decir, tuvieron que chirriar las meninges de más de uno de los presentes al oír la promesa de transparencia total que hizo algún licitador, cuya exposición estuvo llena de opacidad. Y es que a veces el deseo de parecer hábil impide serlo. Dicen que la gran paradoja de la inteligencia es que se puede ser inteligente y usar la inteligencia de un modo estúpido. Ahí reside el fracaso. Lo malo es que el audiovisual murciano no está en condiciones de aguantar un nuevo fracaso. Algo sobre lo que debiera reflexionar seriamente el ganador del concurso. Ahora bien, si esta actitud oscurantista es un anticipo de lo que nos espera tras la adjudicación, ¡que el dios de las tormentas nos proteja!, porque conduce inevitablemente al naufragio de 7RM. 

Por otra parte, conviene tener presente a la hora de valorar el interés de los distintos licitadores, que con el concurso para la gestión de 7RM se retoma la carrera en España por la gestión privada de algunas de las televisiones autonómicas, tras el cierre de Canal 9. [Claro que esto no justifica la actitud de opacidad en la exposición de su oferta en el acto]. Así que, para su estrategia empresarial, resulta más que conveniente (tanto interna como externamente) disfrutar de la posición de ventaja que supone gestionar la siguiente televisión pública que sale a concurso, desde que el Partido Popular modificó en 2012 la Ley General de la Comunicación Audiovisual.  Pero este beneficio se puede convertir en maleficio para el adjudicatario si el barco de 7RM naufraga y se va al negro abismo. Salvando las diferencias, esto ya le ocurrió a tres60 tras ganar el concurso para externalizar programación de la televisión pública valenciana.

Para tener una idea más precisa conviene hacer una breve crónica del acto y extractar las intervenciones de los licitadores.

Tres60
En un ambiente lleno de expectación por conocer el contenido de las ofertas, los representantes de tres60 que llegaron con retraso, fueron los primeros en intervenir, cumpliéndose en este caso el mensaje evangélico de que «los últimos serán los primeros».  ¿Qué harán si ganan? Tras la proyección de su vídeo corporativo, el director de desarrollo de negocio, Juanjo García, explica que –junto con sus compañeros de viaje (Telefónica/Terra y Veralia)– pondrían en marcha un modelo transmedia con una estructura comercial potente. Vale. Añade que asumirán su responsabilidad con los que trabajan en el audiovisual, por lo que van a destinar una cifra de inversión muy alta (?) a la producción independiente murciana.  Y aclara que no han querido enredar antes con acuerdos con productoras (lo que, por ejemplo, también podría interpretarse como una forma eufemística de ahorrarse compromisos ahora para imponer sus condiciones después, si ganan). Concluye su derroche de concreciones con la promesa de que firmarán acuerdos con las asociaciones de productores audiovisuales. Eso está bien, pero ¿por qué después y no antes como han hecho otros licitadores? ¿qué tipos de acuerdos están dispuestos a firmar? Las respuestas las conoceremos si ganan el concurso.  Así que, ante semejante escasez de sustancia en la explicación de su oferta, nos quedamos a dos velas, con las tripas desconsoladas por la ambigüedad. La virtud de preguntar chocó frontalmente con el vicio de no responder. 

GTM
Anxo Quintanilla, el representante del Grupo Empresarial Televisión de Murcia S.A (GTM), si bien fue breve en su exposición, no quiso ser menos ambiguo que tres60 y, tras contarnos algunos cambios internos de la empresa, o que el pliego es un galimatías, continuó con la opacidad del digo sin decir: la programación propia será bastante alta (??), eso sí, se hará contando con el talento regional. Quizá no dio la cifra por no asustarnos o evitarnos un empacho. Aquí, los asistentes al acto ya empezábamos a comprender que habían metido a vigilias nuestra hambre por conocer la sustancia de las ofertas. Ante la poca claridad y escasez de información, nos resultaba difícil persuadir a nuestras tripas de que habían comido algo nutritivo. El hilo de esperanza se hacía más fino, mientras aumentaba la impaciencia de Solano al no escuchar tampoco a Anxo dar cifras concretas de creación de empleo. Cifras que, por otra parte, deben haber incluido en su oferta ya que es una exigencia clara del concurso.

Para alejarnos de interpretaciones maliciosas, también pudiera ser (aunque parezca algo descabellado) que este hacernos rabiar de hambre y dejarnos con las tripas descomulgadas, quizá se deba a que sometiéndonos a privaciones los licitadores crean que se nos agudizará el ingenio y nos volveremos más creativos.

En fin, concluiremos esta primera parte con una reflexión: Es muy conveniente observar lo que hacen los licitadores además de prestar atención a lo que dicen. Las discordancias que hay entre el comportamiento y las palabras suelen ser muy reveladoras. Reflexión a tener muy en cuenta antes y después de que se anuncie al ganador del concurso.

CONTINUARÁ EN LA 2º PARTE

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