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lunes, 20 de octubre de 2014

La última oportunidad de 7RM (2ª parte)

En esta segunda parte se indica como podría darse la paradoja de que no gane el concurso para la gestión indirecta de 7RM la mejor de las ofertas presentadas. También trata sobre los principales riesgos de que la televisión pública sea empujada a la sepultura. Pero, sobre todo, se indica el camino para evitar que 7RM fracase en la nueva travesía que probablemente comenzará a principios de 2015. Para ello es necesario que quienes vayan a bordo mantengan un rumbo claro, asuman su responsabilidad y colaboren para que 7RM busque la participación de la sociedad murciana, a la vez que cumple realmente con sus funciones de servicio público.

Riesgo de que no gane la mejor oferta
En la primera parte de este artículo me referí a la importancia que tiene que la Mesa de contratación valore y elija con acierto al futuro gestor indirecto de 7RM. Que sea capaz de ver más allá del momento y de la literalidad de las palabras que hay en las ofertas, al aplicarles los criterios sujetos a juicios de valor en el sobre nº 2. A mi modo de ver, en ese sobre está la clave principal, aunque no la única, para acertar en la elección. Como alguien me ha indicado acertadamente, los criterios de valoración y puntuación de las ofertas en el sobre nº 3 no consisten (o no debieran consistir) en aplicar únicamente fórmulas matemáticas y otorgar puntos de forma lineal. La Mesa de contratación, si hace bien su trabajo, también debe valorar la coherencia entre lo que se oferta en el sobre nº3 y lo ofertado en el sobre nº 2. Así, por ejemplo, la oferta del número de horas semanales de programas de servicio público (sobre nº3) debe estar justificada en la oferta de programación (sobre nº 2); coherencia que también se debe exigir al valorar el resto de criterios sobre la generación de contenidos del sobre nº 3 respecto del nº 2. A tal fin, "para el ejercicio de sus funciones, la Mesa podrá solicitar cuantos informes considere precisos", como se indica en el pliego de cláusulas administrativas. Porque si la Mesa de contratación no busca esa coherencia entre lo que se oferta en los sobres 2 y 3, se puede dar la terrible paradoja que la mejor oferta no gane el concurso.

La limpieza del proceso y la elección acertada de la Mesa en la adjudicación de la gestión indirecta de 7RM, reducirá las posibilidades de que algún licitador perdedor pueda recurrir la decisión. Porque si recurre por sospechas de turbiedad, además de demorar más el proceso de cambio de gestión de 7RM, se echará más leña al fuego vivo de la corrupción y proyectará en la sociedad murciana una imagen negativa. Justo lo contrario de lo que 7RM necesita para esta nueva travesía que puede ser la última. Conviene no sembrar vientos para no recoger tempestades.

Rumbo claro y pericia del navegante
Ahora bien, el acierto deseable de la Mesa de contratación en la elección del gestor indirecto no conjura todos los riesgos para evitar que 7RM naufrague. De nada vale la pericia del navegante si el barco va en la dirección equivocada y si, además, se ignoran los diversos riesgos a que se expone en la travesía. La historia nos ha enseñado que quien se equivoca en los fines (en los objetivos) se equivoca en todo, fracasa. Si la meta que se persigue es mala, falsa o equivocada pervierte los razonamientos que intentan conducirnos a ella.

Aquí conviene dejar claro que el piloto del barco es RTRM y el gestor indirecto es quien hace funcionar la nave. Ambos deben colaborar muy estrechamente desde el primer día, a sabiendas de que si yerran al comienzo no tendrán una segunda oportunidad. Para evitar su naufragio, 7RM debe cumplir desde el mismo inicio de la nueva etapa con sus funciones de servicio público, que van más allá de las tres funciones clásicas de informar, formar y entretener. Debe asumir su función educativa y divulgadora, para acortar la distancia que hay entre la escuela y la televisión; debe asumir su función cultural, social, económica (motor de la industria audiovisual), de equilibrio y cohesión territorial, etc. Asimismo, requiere que actúe como un agente impulsor (aunque no el único) de la imprescindible alfabetización audiovisual de la ciudadanía para lograr su participación en la sociedad de la información. Es decir, que debe mostrar que tiene el propósito de servir al interés público y de buscar la rentabilidad social, además de ser económicamente eficiente. Por eso es esencial que, desde el principio, 7RM busque la participación de la sociedad y le traslade con acierto su compromiso para cumplir con sus funciones de servicio público en la educación, la cultura, etc. A su vez, junto a la cohesión territorial, 7RM debe contemplar una identidad común más amplia y contribuir al intercambio de información y elaboración de contenidos con otras comunidades autónomas en España y con otras regiones dentro de la Unión Europea.

Todo esto debe tener su reflejo en la parrilla de programación. Porque lo que es público o no, no son los programas considerados de uno en uno o por su género, sino las estrategias de programación y los objetivos globales que se proponen. En consecuencia, 7RM debe lograr que los murcianos perciban claramente y de inmediato un profundo cambio a mejor de la calidad en todos los ámbitos y niveles. Teniendo presente que el criterio de calidad es una cuestión multifactorial que se manifiesta, por ejemplo, en:

La calidad de los contenidos de la programación: incluidos los aspectos estéticos, la búsqueda de formatos innovadores, la experimentación en campos como el arte, la ciencia y la tecnología e, incluso, con la actitud de la audiencia ante nuevos formatos para conocer su interés y poder satisfacerlo.
– Calidad en la gestión esmerada y responsable que corresponde a un medio público.
– Calidad en el derecho que los ciudadanos tienen también al estricto cumplimiento, tanto de los contenidos de la programación, como de la puntualidad con la que estos son emitidos.

Hasta tal punto se debe notar el cambio desde el principio en el cumplimiento de sus funciones de servicio público, que la expresión generalizada de los ciudadanos reconociéndolo sea contundente: como «¡vaya cambio que ha dado 7RM!». La televisión pública, para serlo realmente, debe contar con el apoyo de los ciudadanos y 7RM nunca ha tenido ese apoyo. Esta es su última oportunidad para cambiar y lograrlo.

Un cambio que haga olvidar cómo 7RM malgastó en sus primeros seis años unos 250 millones de euros (41.500 millones de pesetas, se dice pronto) de dinero público. Fue esta una etapa en la que 7RM no cumplió con su misión de servicio público, ofreció una programación de mala calidad y tuvo la audiencia más baja de todas las televisiones autonómicas públicas de España. El despilfarro fue tal y la gestión tan mala, que hoy carece hasta de instalaciones y equipamiento propios. La mayor parte de ese dinero público fue a parar al bolsillo de una sola empresa privada, lo que impidió el desarrollo de un tejido industrial audiovisual en la región. De modo que si en esta nueva travesía que se va a iniciar tras el concurso, 7RM no aniquila su pasado, este aniquilará a 7RM para siempre. Sólo un cambio profundo como el que se ha mencionado más arriba, podría conjurar algunos de los riesgos que se avecinan.

Son muchas las voces de quienes creen que el panorama político regional puede sufrir cambios en las próximas elecciones autonómicas y municipales, en el sentido de que la era de las mayorías absolutas se acaba. Pero, en su esencia, todo poder tiende hacia su conservación porque a su carácter normalmente amoral le resulta insoportable perderlo. Este inconfesado principio se ha manifestado, una vez más, con la propuesta del Partido Popular de modificar la ley electoral y ampliar el número de circunscripciones electorales en la región. Aunque, finalmente, la propuesta ha sido retirada en un alarde de sensatez y cordura política, trasluce la pérdida de votos como un hecho inminente que amenaza poner fin a los 19 años de mayoría absoluta en la Asamblea Regional. Las elecciones europeas dieron el primer aviso. Si, tras las elecciones de 2015, la pérdida de la mayoría absoluta se produce, el futuro de 7RM podría verse afectado. ¿Cómo? a) Una posibilidad es que la ley con el actual modelo de gestión y el primer mandato-marco se modifiquen de nuevo en la Asamblea Regional.  b) Otra posibilidad es que aprueben el cierre final de 7RM, si esta no consigue el apoyo y la participación de la sociedad; lo que sería catastrófico para la adolescente industria audiovisual regional, ya que se quedaría sin un motor que impulse su desarrollo. Ambas posibilidades podrían dejar al gestor indirecto compuesto y sin barco que gestionar.

El sector audiovisual regional también debería colaborar con RTRM y el futuro gestor indirecto para que 7RM cumpla con su misión de servicio público. Es comprensible que unos (los profesionales) quieran enrolarse como parte de la tripulación, y que otros (las productoras) busquen hacerse con un camarote para realizar sus programas y ofrecer sus servicios. ¿Pero cuántos se interesan porque el rumbo del barco sea el adecuado?  Algunos (los menos) ven a 7RM como una causa colectiva de la industria audiovisual y se acercan para aportar. Otros (los más), lo ven desde su interés individual y se acercan para ver lo que pueden coger (un empleo o un programa). La necesidad de trabajar se puede comprender, pero el egoísmo no se puede disculpar. Actuar con esta inconsciencia tóxica es muy peligroso. Si el barco naufraga el propio sector se perjudica y autodestruye. Conviene, por tanto, preocuparse por el rumbo adecuado y empezar a remar todos juntos en la dirección correcta para ayudar a construir una televisión pública fuerte apoyada por los ciudadanos. Toda insistencia es poca para acercar la realidad y sus peligros a la miopía imperante. Hasta ahora, la gran aventura del sector audiovisual murciano es la historia de su desventura afanosamente buscada. ¿No es hora de cambiar?

Conclusión
En esta nueva etapa próxima a comenzar, 7RM no puede dar vaivenes y bandazos. Si lo hace serán empujones hacia su sepultura. RTRM y el gestor indirecto fracasarán (y con ellos el sector audiovisual) si no son capaces de lograr la participación de la sociedad murciana y hacerle ver algo esencial: la importancia que el servicio público de televisión tiene para la salud de la democracia en la sociedad del conocimiento en distintos aspectos (educativo, cultural, económico, político, cohesión territorial, etc.). Su fracaso hará que el futuro de 7RM termine convirtiéndose más pronto que tarde en una travesía tormentosa, lo que provocará primero zozobra y después el naufragio de 7RM. Entonces ya será demasiado tarde hasta para ser pesimista. El cambio de modelo de gestión de 7RM habrá sido sólo un sueño enfermizo del que nunca despertó.

Al final, asistiremos a la defunción de 7RM como a un extraño fragmento lúgubre de alguna tragedia jacobina. Nadie llevará luto por ella ni se pondrá cenizas en la cabeza, nadie podrá recordar sus méritos ni clamará al cielo, ni derramará lágrimas por su muerte. Permanecerá en el olvido y quienes la mataron con viciosa crueldad o con mezquino egoísmo, no tendrán siquiera el recuerdo de haber luchado por su supervivencia. Sólo soportarán el peso de su vergüenza por contribuir a la patética muerte de 7RM.

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