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miércoles, 31 de diciembre de 2014

7RM debe cumplir con su función educativa

Los medios audiovisuales son una de las principales bases de la cultura de nuestro tiempo. Algunos enfoques tradicionales han pretendido separar el medio difusor de los mensajes del sujeto que los recibe, como si fuesen realidades separables. Sin embargo, se reconozca o no, es un hecho constatado que durante mucho tiempo la radio y, sobre todo, la televisión, se han convertido en agentes de educación o de contra-educación. Aunque, paradójicamente, esta tarea no sea asumida por muchos medios audiovisuales, con su poder formativo y socializador, en todos sus aspectos, de un modo permanente y constante, cumplen una tarea global de educar o maleducar. Por tanto, la pregunta que debemos plantearnos es: ¿Qué enseña la televisión?


El poder del mensaje audiovisual

El lenguaje audiovisual entra más directamente por los sentidos, tiene un potencial persuasivo y seductor más intenso que el verbal, lo que le confiere una gran capacidad para influir en el comportamiento de la gente. Debido a este potencial, parece razonable pensar que la educación no puede permanecer ajena a los posibles efectos negativos que los contenidos audiovisuales pueden ejercer sobre la infancia y la juventud, ni ignorar su influencia en el proceso de socialización.

Por su enorme potencial psíquico y su influencia emotiva, los medios audiovisuales son capaces de poblar la mente de niños y jóvenes. Las consecuencias negativas de ignorar el influjo de los medios audiovisuales no son sólo educativas y culturales, también son políticas y sociales. Por tanto, es una absoluta irresponsabilidad dejar de lado la influencia que ejercen los mensajes de los contenidos audiovisuales, en general, y de la programación televisiva, en particular, más aún si la televisión es pública. La audiencia es bombardeada permanentemente por la televisión con mensajes. Pero el contenido de los mensajes puede no ser coherente con los valores que deberían modelar el comportamiento ciudadano en una sociedad democrática: diálogo, tolerancia, respeto, convivencia, etc.

Si aceptamos que la televisión siempre es instructiva, de lo que se trata es de evitar, por un lado, que instruya con mensajes que conducen a una sociedad embrutecida, encanallada y adictiva, que recurre con naturalidad a la violencia, la prepotencia, la intolerancia, la arbitrariedad, la deshonestidad, el fraude o la corrupción. Por otro lado, se trata de abordar la alfabetización en comunicación audiovisual. Esta capacita de forma activa a los receptores de los mensajes audiovisuales para que desarrollen la comprensión crítica y reflexiva necesaria, de modo que puedan contrarrestar los posibles efectos nocivos del contenido de dichos mensajes.

La televisión puede educar o maleducar

Los contenidos de los programas audiovisuales pueden educar o maleducar. Pueden promover un conocimiento superficial, fragmentario y poco riguroso del mundo que impide la percepción de la realidad o, por el contrario, tratar los temas con profundidad y mostrar la complejidad de la vida. Los participantes en los programas de debate televisivo pueden hablar de forma irreflexiva y precipitada, exagerar las posturas y difundir una cultura de la polémica impregnada de violencia verbal y gestual o, por el contrario, pueden ser reflexivos y promover el entendimiento y el diálogo. El debate político televisivo puede reducirse a eslóganes y tópicos mezclados con descalificaciones e insultos o, por el contrario, los políticos pueden dialogar con educación y cortesía, explicando con claridad y sin demagogia qué acciones piensan realizar para resolver los problemas sociales. Los contenidos audiovisuales pueden trasladar una visión en la que cualquier deseo puede alcanzarse con facilidad o, por el contrario, pueden valorar el esfuerzo. La televisión puede mostrar como algo natural y normal comportamientos agresivos y violentos, delitos, actitudes de desprecio a los derechos humanos y a la vida o, por el contrario, puede ofrecer elementos que permitan comprender a los jóvenes que este tipo de conductas no son naturales ni adecuadas para la convivencia.

En suma, una televisión (y más si es pública) que no incluya contenidos de riesgo que –vistos desde una dimensión social– puedan perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de niños y adolescentes, porque fomenten el odio, la violencia, el consumismo o la discriminación racial, religiosa, de género, o de cualquier otro tipo. Estos contenidos de riesgo, independientemente de que tengan o no consecuencias directas en los comportamientos individuales, suponen un peligro potencial ya que, desde una perspectiva global, pueden ser perjudiciales para la convivencia en la sociedad.

7RM al servicio de la educación, la cultura y la vida en comunidad

En esta relación entre educación y medios, es preciso que la Radiotelevisión de la Región de Murcia (RTRM) se ponga al servicio de la sociedad murciana y sea recuperada para la educación. La programación de 7RM que se ha hecho hasta ahora en la región, no ha aprovechado la potencialidad del medio para contribuir al desarrollo cultural y educativo de la sociedad. Esto se debe a la falta de una política audiovisual en la que una televisión pública como 7RM cumpla realmente con su misión de servicio público. La falta de implicación de 7RM en una tarea de refuerzo educativo, también se debe a que la política educativa de la Consejería de Educación, inexplicable e irresponsablemente, ha ignorado la influencia social de los medios audiovisuales. De ahí que la educación en comunicación audiovisual no se contemple ni en los currículos escolares ni en la formación del profesorado. Tampoco ha existido en la sociedad murciana un debate riguroso sobre la importancia de la alfabetización audiovisual y los diversos aspectos que comporta una televisión de servicio público, como se indicaba en el artículo La necesidad social de una televisión pública. La falta de implicación de 7RM en el desarrollo cultural y educativo de la sociedad durante años, se ha intentado paliar de un modo limitado, con la aprobación en abril de 2013 por la Asamblea Regional del primer Mandato Marco de RTRM, que incluye la educación y la cultura entre sus objetivos. Aunque, es posible que la Consejería de Educación ignore su existencia.

Al hablar de la relación entre educación y televisión pública hay que comprender que la educación es el componente esencial de esa relación. Se trata, pues, de situar a 7RM como lo que es: un instrumento de comunicación capaz de favorecer un proyecto educativo o, por el contrario, perjudicarlo (como hasta ahora).

Por tanto, hay que propiciar una televisión pública que fomente el desarrollo educativo, cultural y de vida en comunidad. Con una programación que ayude a recuperar una comunicación de carácter horizontal, más participativa, en la que los diferentes grupos sociales tomen la palabra y su labor enriquezca la imagen que traslada 7RM a la sociedad. A su vez, debe impulsar la producción de programas audiovisuales educativos autóctonos y su difusión en una franja horaria adecuada. Donde exista una acción común de cooperación entre 7RM, los productores audiovisuales y los educadores comprometidos para elaborar contenidos educativos innovadores, con programas que respondan directamente a las necesidades escolares. Programas que, además de cooperar con la labor educativa de los padres, puedan ser empleados después en la escuela como materiales didácticos de apoyo o como recursos de información y formación.

Gobierno regional: Divorcio entre televisión publica y escuela

Dice José A. Marina que el parto de la inteligencia fracasada trae dos hijas terribles: la desdicha evitable y la estupidez de la persistencia en el error, que añade más desgracia a la desgracia. Como los errores suelen ser más pertinaces que los aciertos, desde la creación de la empresa pública Radiotelevisión de la Región de Murcia (RTRM) en el año 2004, la práctica de esta función educativa, como otras funciones de servicio público, ha sido ignorada por todos los gobiernos de la región. Lo verdaderamente molesto y lamentable de este error es la insistencia. Esta es otra congoja que tenía anotada, de la que se ha hablado poco y demasiado torpemente. Hasta dios se ruborizaría al ver la situación actual de divorcio entre la televisión y la escuela que hay en la Región de Murcia. Los intentos pretéritos por abordar esta cuestión chocaron con el tufillo a penuria audiovisual de los remilgos oficiales. Así que no hay más remedio que preguntarse: ¿Por qué el Gobierno se ha empecinado en ser ciego y sordo sobre la relación entre educación y televisión? Sea cual fuere la respuesta, una cosa está clara: su actitud desdeñosa es culpable, por voluntaria. No obstante, si a pesar de todo lo dicho, el Gobierno no es capaz de entender aún la relación entre televisión y educación, me ofrezco voluntario para explicárselo y acabar con un error tan pertinaz.

Hoy, todo indica que la Consejería de Educación (que es a la que más debiera preocuparle este tema) sigue estando in albis y tiene el interés por deshacer el divorcio entre la televisión y la escuela escondido en los calcetines, como diría mi joven amigo Javier. Lamentablemente no ha existido siquiera la voluntad política por parte del Consejero de Educación para hablar del tema. Y claro, si a la soberbia inflación analfabeta en materia audiovisual de la consejería, añadimos la negativa a dialogar,... es imposible salir de la pobreza, desnudez, miseria y sequedad de la política educativa del Gobierno regional en esta cuestión. Lo que no deja de ser un síntoma de flacidez mental. Pero en el pecado está la penitencia. Para reconocerlo se requiere cierta amplitud de mente y cierta madurez intelectual. Salvo que esté afectado de una tenaz misantropía, hay que suponer que aún existe en el Consejero de Educación la predisposición latente para dialogar. Esperemos que se baje pronto de su altivo pedestal, como atacado de picor, y abandone la callada por respuesta. Por si puede servir de ayuda, esta es la consigna de maese Pedro: «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala».

Dicen que las personas, como las lenguas, se enriquecen en sus mutuos contactos haciendo uso del instrumento que se nos ha dado para entendernos. Es un hecho que existen ideas y proyectos de programas educativos para que 7RM actúe como refuerzo educativo. También es obvio que, por su insensibilidad y escaso caletre en la materia, la Consejería de Educación necesita ayuda para triunfar. Como remedio y fruto del diálogo, podría empezar la colaboración con 7RM y con productores audiovisuales para sacarle partido al poder educativo y socializador de la radiotelevisión pública. Sería una penetración en el problema por su camino más corto. Una colaboración que empiece por diseñar una estrategia adecuada para que la televisión pública actúe como un vector de apoyo a la escuela. Juntos podrán contribuir funcionalmente a la educación moral de la infancia y la juventud en la región, apoyándose en el limitado pero útil primer Mandato Marco de RTRM. De modo que la programación de 7RM contribuya a posibilitar un desarrollo físico, social y mental sano de niños y adolescentes.

Esta podría ser una buena ocasión para que el Gobierno salga de las tinieblas en las que se haya, deje de ser un azorado fantasma que deambula en materia audiovisual, acogido al "no sabe, no contesta" y, por fin, se establezca la necesaria relación funcional entre la escuela y la televisión pública 7RM.

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