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jueves, 15 de enero de 2015

Alfabetización audiovisual (1ª parte)

A lo largo de más de un siglo la comunicación audiovisual ha ido ganando terreno hasta convertirse en la forma de comunicación hegemónica en el planeta. Desde hace años, asistimos a la paradoja de que mientras los niños, niñas y adolescentes crecen inmersos en entornos abarrotados de una iconografía audiovisual y multimedia, en el mundo educativo y académico la educación en comunicación audiovisual ha sido descuidada, cuando no totalmente ignorada (como en la Región de Murcia), tanto en los currículos escolares como en la formación del profesorado. Lo que prueba la tremenda distancia que existe entre las aulas y la vida cotidiana de niños y jóvenes.

El lenguaje audiovisual y las TIC
La manifiesta ignorancia y el desinterés político gubernamental por la alfabetización audiovisual, contrasta con la rápida difusión que han tenido en el sistema educativo las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), que no pasan de ser un concepto genérico y confuso. Además de aportar poco a la comunicación verbal, en las TIC se queda diluido, marginado y olvidado el concepto de comunicación audiovisual. La difusión de las TIC se ha centrado en un conocimiento técnico para saber utilizar los aparatos por los que, eso sí, los estudiantes reciben los mensajes de los contenidos audiovisuales que se difunden por los diferentes medios y pantallas. Pero la rápida difusión de las TIC se ha hecho sin tener en cuenta que el conocimiento del lenguaje multimedia requiere, ante todo, propiciar el conocimiento de los códigos del lenguaje audiovisual que prepara a niños, jóvenes y adultos para desarrollar –de un modo activo y crítico– la comprensión y el análisis de los mensajes que reciben.

Convendría preguntarse, ¿qué efectos ejercen las tecnologías y los contenidos audiovisuales que circulan por ellas sobre nosotros y nuestros hijos? ¿Limitan o amplían la posibilidad de una verdadera libertad de pensamiento y de expresión? Tan importante como utilizarlas, es saber también cómo nos influyen las TIC, la televisión y cualquier otra tecnología por la que se pueda acceder a contenidos audiovisuales.

Según el informe del Marco general de los medios en España en2014, el 99,3% de los hogares españoles tiene televisión, que mantiene su hegemonía con un consumo de unas cuatro horas diarias, y lo que vemos nos marca, aunque no lo sepamos ni lo queramos; el 61,3% de los hogares tiene conexión a Internet (donde el sitio más visitado con diferencia es YouTube para ver vídeos). En el mundo, los más de 1300 millones de usuarios de Google consumen unos seis mil millones de horas de vídeo al mes. Las redes sociales como Faceboock o Twitter están cambiando su estrategia y evolucionan hacia el vídeo mientras el texto va perdiendo relevancia.

En el artículo 7RM debe cumplir con su función educativa se decía: «El lenguaje audiovisual entra más directamente por los sentidos, tiene un potencial persuasivo y seductor más intenso que el verbal, lo que le confiere una gran capacidad para influir en el comportamiento de la gente. Debido a este potencial, parece razonable pensar que la educación no puede permanecer ajena a los posibles efectos negativos que los contenidos audiovisuales pueden ejercer sobre la infancia y la juventud, ni ignorar su influencia en el proceso de socialización». La propia Comisión Europea hace años que –al referirse a los medios audiovisuales– reconoce que «su influencia sobre todo lo que los ciudadanos saben, creen y sienten es muy grande». Dado que la imagen de la realidad representada por los medios audiovisuales no suele coincidir con la realidad social, más bien la suelen deformar, es necesario abordar la alfabetización audiovisual ciudadana.

El audiovisual tiene un lenguaje expresivo propio que, en general, es común a todas las obras audiovisuales que se difunden por el cine, la televisión, consolas de videojuegos, Internet y dispositivos móviles. Un lenguaje que, lejos de sustituir al lenguaje verbal, lo exige. Un lenguaje que es imprescindible conocer y practicar, si se quiere desarrollar una autonomía crítica en las personas, para poder diferenciar los contenidos que se difunden, muchas veces con fines claramente manipulativos. No se trata tanto de proteger (que también), como de preparar. En otras palabras, la peligrosidad de un mensaje audiovisual dependerá de la mayor o menor capacidad del receptor para contrarrestar o desactivar los posibles efectos nocivos del mensaje.

Pero, sin aprender bien a leer y escribir el lenguaje audiovisual: ¿Cómo se pueden apreciar las poderosas y cuidadas estratagemas que emplea la televisión y otras ventanas para captar la atención de los espectadores? ¿Cómo pueden diferenciar entonces los niños la realidad de la ficción, lo publicitario de lo que se presenta como servicio, la información de la propaganda, el reality show de la realidad, lo serio de lo humorístico, el disparate de la sensatez? ¿Cómo van a captar que los mensajes audiovisuales expresan unos intereses, una ideología y unos valores determinados en el seno de la sociedad?

Difícilmente podremos encontrar y comprender la respuesta a estas preguntas, sin conocer bien el lenguaje audiovisual y cómo se utiliza en el proceso de producción de los contenidos audiovisuales. En un mundo colonizado por los medios audiovisuales, ejercer la libertad de pensamiento y de expresión requiere la alfabetización audiovisual. Una alfabetización que afecta a las raíces mismas de la vida social porque contribuye a la formación de una opinión pública bien informada, madura y crítica.
 
La anemia audiovisual de la Consejería de Educación
Sin embargo, la Consejería de Educación, infiel a sí misma, en lugar de acometer resueltamente la tarea de alfabetizar en comunicación audiovisual, opone una fuerte resistencia meníngea y deja su misión incumplida. Claro que esta deserción no se comete impunemente.

Hace casi cinco años que la Ley General de la Comunicación Audiovisual, con la finalidad de fomentar la alfabetización audiovisual, dice que «los poderes públicos y los prestadores del servicio de comunicación audiovisual deben contribuir a la alfabetización mediática de los ciudadanos». Esto afecta a los distintos poderes (estatal, autonómico y local) e incluye a los sistemas educativos, culturales y cívicos en general. También en el año 2010, el Parlamento Europeo y el Consejo aprobaron la Directiva de servicios de comunicación audiovisual, que indica que la «alfabetización mediática abarca las habilidades, los conocimientos y las capacidades de comprensión que permiten a los consumidores utilizar con eficacia y seguridad los medios». (...) «Por lo tanto –añade– se debe promover el desarrollo de la alfabetización mediática en todos los sectores de la sociedad y seguirse de cerca sus avances».

En diciembre de 2009, conscientes de que las competencias en comunicación audiovisual no se aprenden por generación espontánea, los europarlamentarios aprobaron un informe (con 583 votos a favor, 23 en contra y 4 abstenciones) en el que recomiendan a los países miembros de la Unión Europea que se introduzca la asignatura de «Educación en medios» en las escuelas, ya que la alfabetización audiovisual es la mejor forma de conocer y valorar críticamente los mensajes y los formatos de los contenidos audiovisuales difundidos diariamente por las diferentes pantallas (televisión, Internet, radio, cine, videojuegos,...). Asimismo, recomiendan una formación práctica y creativa que fomente las producciones audiovisuales entre los escolares, para superar una actitud pasiva de meros espectadores y convertirse en usuarios activos.

Aunque el Gobierno regional da la impresión de que lo ignora, la importancia de la educación en comunicación audiovisual no es nueva: desde la Declaración de Grunwald (1982), la Proclamación de Alejandría acerca de la Alfabetización Informacional y el Aprendizaje de por Vida (2005), así como la Agenda de París para la Educación en Medios de la UNESCO (2007) con 12 recomendaciones, el Foro Internacional de Investigación sobre Medios (Londres y Hong Kong, 2008), o el kit de Educación en Medios de la UNESCO, hasta la Carta Europea para la Alfabetización Mediática, el apoyo polifacético de la Alianza de Civilizaciones en la educación en medios o la iniciativa actual de la UNESCO, titulada «Currículo de formación del educador en medios y alfabetización comunicativa», son algunas de las iniciativas de su reconocimiento progresivo internacional.

¿Por qué todo esto es ignorado por la Consejería de Educación y se mantiene al margen? ¿A qué se debe esta resistencia a que la alfabetización audiovisual entre en la escuela? ¿Por qué no cumple la legislación? Esta falta de sentido común audiovisual, que escasea como el otro pues suelen ir parejos, salta a los ojos y oídos como una solemne barbaridad.
Al igual que con la televisión, también aquí se manifiesta la anemia audiovisual y la anomia de la Consejería de Educación, cuya política educativa esta envuelta en una cacofonía de extravagancia rítmica disonante. En desacuerdo con la misión que le es propia, es inconcebible que siga de espaldas a legislación y a la sociedad atrincherada en su visión anacrónica, sin intentar siquiera resolver la carencia que su política educativa tiene en comunicación audiovisual. Cuando la realidad social y la ley le exigen que aprender a leer y escribir hoy, no se puede reducir al lenguaje verbal. Que hay que promover de forma global y profunda la alfabetización mediática, para aprender a leer y escribir el lenguaje audiovisual (imágenes y sonidos) con una mínima corrección, desde una perspectiva crítica y creativa en todos los ámbitos educativos, incluido el universitario y el de la educación de adultos. A sabiendas, eso sí, que el lenguaje audiovisual no se aprende por impregnación, sino por estudio y práctica.

Mutatis mutandis, urge poner remedio a este desatino. Es hora de que la Consejería de Educación salga de su holganza y abandone su camino errado, excite su esfuerzo meníngeo y saque a la luz su interés por el binomio audiovisual-escuela, deje de luchar contra el yugo que, al parecer, le supone la cultura audiovisual y empiece a vivir en nuestro tiempo. ¿Cómo? En primer lugar empezando por preguntarse: ¿Qué debe saber una persona para estar alfabetizada en comunicación audiovisual? En segundo lugar, incorporando en los currículos escolares y en la formación del profesorado la educación en comunicación audiovisual. Así, dada la influencia que la educación tiene en la sociedad, evitaremos que se nos hagan más indistintos los conceptos y más chicos los cerebros achicharrados por los mensajes de los medios audiovisuales. Un síntoma del inicio de una epidemia de perlesía mental crónica.


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