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lunes, 9 de febrero de 2015

Alfabetización audiovisual (3ª parte)


En esta tercera y última parte, analizaremos por qué la alfabetización audiovisual debe extenderse al conjunto de la ciudadanía. Por qué es necesaria una reflexión y debate serios sobre su importancia social y personal, con una dimensión pública, social y política en la sociedad murciana. En cuanto a la contribución de 7RM a la alfabetización, una pregunta: «¿Se puede hacer con el actual modelo de gestión indirecta de 7RM?».

«alfabetización mediática en todos los sectores de la sociedad»

La alfabetización audiovisual no debe limitarse sólo al espacio interior de las paredes de la educación reglada. Vivimos bajo el imperio de los medios audiovisuales. Los contenidos que ellos transmiten influyen y modelan nuestra forma de pensar, seamos o no conscientes de ello. Para contrarrestar su influencia en necesaria la alfabetización audiovisual de la ciudadanía.

Una alfabetización que, como indica la propia Directiva de servicios de comunicación audiovisual de la Unión Europea, «abarca las habilidades, los conocimientos y las capacidades de comprensión que permiten a los consumidores utilizar con eficacia y seguridad los medios. Las personas competentes en el uso de los medios podrán elegir con conocimiento de causa, entender la naturaleza de los contenidos y los servicios, aprovechar toda la gama de oportunidades ofrecidas por las nuevas tecnologías de la comunicación y proteger mejor a sus familias y a sí mismas frente a los contenidos dañinos u ofensivos. Por lo tanto, se debe promover el desarrollo de la alfabetización mediática en todos los sectores de la sociedad y seguirse de cerca sus avances».

Recuerdo que hace años, en Barcelona, un conferenciante hablaba de cómo la imagen de la realidad social representada por los medios audiovisuales no coincide con la realidad social, sino que más bien la deforman. Y nos formulaba a los asistentes esta pregunta: ¿A qué se reduce la libertad de expresión si no somos conscientes de que mediante la manipulación mediática nos inculcan lo que debemos pensar? Luego añadió que existe una relación entre analfabetismo, manipulación, libertad de pensamiento y libertad de expresión. De ahí que una de sus conclusiones fue que en la sociedad actual, en general, sin la alfabetización audiovisual resulta muy difícil actuar con libertad de pensamiento, condición previa e indispensable para ejercer la libertad de expresión, es decir, para tener algo propio que expresar.

Quienes tienen el poder político saben perfectamente la influencia que pueden ejercer sobre la ciudadanía a través de los medios audiovisuales. Por eso buscan controlar los medios públicos e influir en los privados, de modo que actúen en estrecha connivencia con el poder político, como se indicaba en el artículo La necesidad social de una televisión pública. Una población analfabeta siempre ha sido más fácil de controlar. Últimamente oímos con mucha frecuencia hablar de mayor transparencia y de mecanismos de democracia participativa. ¿Puede existir realmente la transparencia y una mayor participación ciudadana mientras la mayor parte de la ciudadanía sigua siendo analfabeta audiovisual? No. La alfabetización audiovisual afecta a las raíces mismas de la vida social, a la transparencia y a la práctica de una democracia más real y participativa, porque contribuye a la formación de una opinión pública mejor informada, madura y crítica, más activa e inmunizada ante el contenido manipulador de los mensajes audiovisuales.

­­­­­­­­­La alfabetización audiovisual es especialmente preocupante como radiografía del estado de instrucción de la región y de la vida en comunidad. El interés social exige una mayor cordura del Gobierno, de la Consejería de Educación y un acusado sentido de la autocrítica. Aunque parece que este Gobierno perece por distinguirse en su analfabetismo audiovisual, un primer paso sería reconocerlo y dejar de paralogizar. El segundo paso sería abandonar su actitud reaccionaria, dejar de considerar la educación en comunicación audiovisual como si fuera una herejía y empezar a verla como lo que es: una carencia de su política educativa a la que debe dar respuesta. Perseverar en la inexistencia de la educación en comunicación audiovisual en los currículos escolares y en la alfabetización de la ciudadanía, sería un síntoma de parálisis mental e intereses espurios de quienes nos gobiernan, ajenos al interés general; pero también de quienes aspiran al gobierno en las próximas elecciones que no debieran irse por las ramas. Su carencia en los programas electorales de los viejos y los nuevos partidos deteriorará aún más nuestro sistema de comunicación, precisamente por procurar que la población siga siendo analfabeta al no promover el aprendizaje del lenguaje de que se sirven los medios audiovisuales, que nos colonizan e influyen continuamente en nuestro comportamiento.

La necesaria reflexión y debate social

Se va extendiendo la convicción de que la alfabetización audiovisual es una tarea que requiere un planteamiento pedagógico y participativo de gran amplitud. La sociedad murciana tiene pendiente una reflexión y debate serios sobre la importancia social y personal de la alfabetización audiovisual, que en los tiempos que corren es necesario no demorar. Reflexión y debate con una dimensión pública, social y política en el que confluyan, junto a los grupos sociales y políticos, las preocupaciones de madres y padres sobre la influencia de los medios audiovisuales en sus hijas e hijos; el desasosiego de profesores que ven como su trabajo en las aulas es contradicho a diario en la televisión; el desconcierto –más o menos consciente– de los propios niños y adolescentes asediados por los mensajes; el malestar de profesionales de la comunicación audiovisual por las consecuencias de su trabajo; o la preocupación de juristas que señalan la falta de respeto en los medios al derecho a la intimidad y a la propia imagen.

Una reflexión y debate que afronten el conflicto entre algunos derechos: como el derecho a la libertad de expresión o a la libertad de empresa (que esgrimen los medios para justificarse), el derecho a la educación o al pluralismo informativo. Pero también sobre la falaz incongruencia manipuladora de los políticos que, por debajo de rebozadas apariencias, trasluce sus verdaderas intenciones cuando hablan de transparencia pero no hacen nada para que la población deje de ser analfabeta audiovisual y, a su vez, impiden que disponga de medios públicos que proporcionen una información veraz, independiente y plural.
   
A este debate en profundidad puede y debe también contribuir 7RM, cumpliendo su función y objetivos como televisión pública. Empleando el rostro y la voz de los protagonistas, afectados e implicados en el conjunto del tejido social (padres y madres, profesores, niños y jóvenes, grupos sociales y políticos, administración,...). A buen seguro que, si se hace bien, el esfuerzo no será estéril.

«¿Se puede hacer con el actual modelo de gestión indirecta de 7RM?»

Tras la publicación de los últimos artículos sobre la función educativa de 7RM o su contribución a la alfabetización audiovisual, me han formulado repetidamente una pregunta: «¿Se puede hacer con el actual modelo de gestión indirecta de 7RM?».

Más allá de las connotaciones de cuestionamiento del modelo que tiene la pregunta, la respuesta, según se mire, no es sencilla. Requiere una reflexión más amplia que intentaré plasmar en un próximo artículo. [He expresado mi punto de vista a favor de un modelo de gestión pública directa y sus características en distintos artículos de este blog, incluso antes de que se gestase el actual modelo, así que a ellos me remito.] No obstante, señalaré ahora que dentro de los diversos factores que intervienen (contenido de la ley de RTRM, del Mandato-marco, del Contrato-programa y de los pliegos de licitación), en parte la respuesta dependerá de cómo se lleve a cabo lo que ahora sólo está en el papel del actual modelo de gestión indirecta. Donde la titularidad del canal público de televisión y de su emisión corresponde a RTRM, que es quien se encarga de «la fijación de directrices a las que habrá de ajustarse el adjudicatario en cuanto a contenidos tanto de programas informativos, como el resto de la programación de servicio público», tal y como se indica en los pliegos de la licitación.

Pero, sobre todo, que el modelo de gestión indirecta pueda o no cumplir con la misión de servicio público, dependerá de la actitud práctica que adopten en ambas partes las personas que con distintas responsabilidades de dirección participen en la gestión indirecta de 7RM y de la relación que se establezca entre ellas. De lo profesionales, diligentes y conspicuos que, unos y otros, se muestren en las distintas facetas que comporta la elaboración de la programación de 7RM. En pocas palabras, de su vocación práctica de servicio público y de su profesionalidad. Por un lado, están los responsables de 7RM: el Director General y el Jefe del Departamento de Control del Servicio Público Audiovisual de RTRM que, según indican los pliegos del contrato goza de un amplio cometido, ya que no sólo transmite las directrices de programación, también controla y supervisa «las tareas relacionadas con la producción y emisión de contenidos audiovisuales». Estas dos personas son las que dirigen y tienen la misión de pilotar el barco público. Por otro lado, está el Grupo Secuoya que ha sido el adjudicatario del contrato de gestión indirecta de 7RM. Quienes no nos contentamos con el viento de unas buenas palabras, esperamos tener ocasión de conocer el contenido real de su oferta, el grado de cumplimiento de sus compromisos y promesas,  o saber quienes son los responsables designados por Secuoya. [Entonces daré mi punto de vista]. Asimismo, las productoras independientes de la región en ningún modo pueden ser ajenas  a la relación entre 7RM y Secuoya.

Como ya anticipé en La última oportunidad de 7RM (2ª parte), el posible naufragio del actual modelo de gestión indirecta de 7RM, dependerá de cómo se desarrolle esta relación y de las implicaciones que tenga en la programación. Este es un barco que navega por las procelosas aguas del tiempo social que estamos viviendo, pródigo en reclamar cambios por una ciudadanía hastiada de muchas cosas, que mira con recelo y desconfianza a 7RM. Razones no le faltan. La inmensa mayoría de la población ya se pronunció sobre el anterior modelo de 7RM y dejó claro que no veía sus programas. Al fin y al cabo en esa ciudadanía está el verdadero accionista de 7RM, que es quien la financia, aunque hay quienes lo olvidan con suma facilidad. Una ciudadanía que, no nos engañemos, no está dispuesta a financiar de nuevo un modelo de televisión que no cumpla de verdad con su misión de servicio público.

De modo que si los responsables de ambas partes desoyen los consejos, pecan de soberbia y yerran con la programación al inicio, unos se juegan su empleo y Secuoya el contrato que está a punto de firmar. Así que les conviene no malgastar los apoyos, pensar por adelantado, atinar y recordar lo que decía Baltasar Gracián: «Es más importante no errar ni una vez que acertar cien veces. (...) La censura popular no tendrá en cuenta las veces que se acierte, sino las que se falle». Por eso conviene  estar atentos y abrir los ojos a tiempo: «No todos los que ven han abierto los ojos, ni ven todos los que miran. (...) Como son sordos para oír, no abren los ojos para ver».

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